De Xtbl para arriba... es un hecho, sin embargo, a veces; sin querer, damos un paso atrás para tomar impulso. Esta vez el paso no fue tan malo... dentro de lo que cabe. Las cosas bellas se quedan en el recuerdo, aunque las malas se transforman en heridas visibles. Pero todo es aprendizaje.
Las Pequeñas Diferencias
Intenté comenzar a escribir de mil formas distintas. Las palabras querían salir de mi mente, pero al mismo tiempo se mantenían aisladas. No sé porque, en esta ocasión se rebelaban ante mí, impidiendo sacar el sentimiento que me había estado consumiendo estas últimas semanas.
Como había dicho, no me negué la posibilidad de conocer gente nueva, en un breve intento por encontrar e esa persona especial, no es que lo busque, simple e irónicamente llega. Esta vez, lo conocí en el lugar menos esperado, el refugio que habíamos encontrado mis amigas y yo para alejarnos de los problemas cotidianos. Llegábamos y cantábamos canciones que se nos venían a la mente, al grado de que en un tiempo, los trabajadores del lugar ya no nos preguntaban que queríamos y solo ponían la pista y disfrutaban del espectáculo.
Él siempre cantaba las mismas canciones, al principio nos reíamos de su facha y su estilo vocal, era algo realmente cómico. Una ocasión se acercó a mí pidiendo que le dedicara una canción. En las siguientes visitas, ya nos saludábamos como si fuéramos amigos. Hasta que un día, todo cambió. El intercambio de teléfonos y la promesa de una cita fue el comienzo de todo.
No sé cómo se fueron dando las cosas. De un día para otro, comenzó el coqueteo inocente, que terminó en una cita formal. Me encontré ante una persona completamente distinta a lo que estaba acostumbrada. A simple vista, no teníamos nada en común, y para el resto de la gente era extraño vernos juntos, “el roquero y la intelectual” o algo parecido.
Pasamos días muy bellos conociéndonos y conversando. Pero así como empezó se terminó. En un instante, todo lo que había construido en mi mente se derrumbó. Me encontré ante una persona diferente, intratable, no se le daba gusto, y lo más difícil, alguien que quería cambiar mi forma de ser. NO entendí porque, y es hora que no lo comprendo; pero es algo que ya no tiene remedio.
En mis poca o mucha experiencia en cuanto a las relaciones de pareja, siempre creí que el proceso de tratarse y conocerse, servía para encontrar esas pequeñas diferencias que podrían subsanarse mediante el diálogo y la comunicación. Según yo, no se trata de imponerse el uno al otro o tratar de cambiar lo que se es, por lo que se desea.
Y eso me pasó. Esas pequeñas diferencias fueron alejándonos a pasos agigantados, hasta que un día, me di cuenta que estaba cayendo en mi error de siempre: tratar de solucionar las cosas, ceder y dialogar. Ese día comprendí, que no necesito estar en una relación donde una sea la que de todo y el otro nada… y siempre ha sido así. Las mujeres tenemos esa peculiaridad, el tratar de que las cosas funcionen a toda costa, porque los queremos, porque pensamos que se puede. Y la mayoría de las veces no sucede.
Aunque deseo fuertemente encontrar a alguien que me quiera por lo que soy, no estoy dispuesta a conformarme con lo que llega, aunque parezca que es bueno. Duele mucho darse cuenta, pero en fin. Lo que si se es que en un rompimiento no solo uno tiene la culpa, es un conjunto de malos entendidos, que comienzan a pesar hasta que uno tiene el valor de decirlo abiertamente.
Uno de mis primos me dijo, que a veces al hombre le da pereza “volver a empezar”, y que la mujer que pasa mucho tiempo sin pareja “se le olvida como serlo”. Si es o no verdad, sus palabras se pegaron en mi mente y no las he podido sacar. Lo mismo que esa frase que últimamente me han dicho mucho: “que las mujeres de tu edad (pasando los 30 específicamente), no quieren una relación seria, porque son demasiado independientes”. ¿Quién fue el inteligente que sacó esa idea?
Saben, a “las mujeres de mi edad” nos gustan los detalles, queremos las rosas y la cena romántica, queremos la serenata aunque sea virtual, nos gusta el romance y creemos en el amor… al que tristemente se confunde con el sexo. Claro que queremos una relación formal y seria, pero el mismo hecho de ser independientes y autosuficientes, nos abre los ojos y nos volvemos un poco más selectivas… esa es la gran diferencia, pero eso no quiere decir que no lo queramos, simplemente nos reservamos un poco más.
Esa es la pequeña diferencia que provoca que cada vez haya más “mujeres de mi edad” que dejan de buscar. Ya estamos en una época, donde no vamos a cambiar lo que somos, por quedar bien con un hombre, que al final de cuenta se irá con alguien más joven, o menos inteligente, o que gane menos que él.
Esa sí es una realidad.
Wednesday, May 27, 2009
Tuesday, January 20, 2009
De xtbl para arriba!!!
Hola! Aqui estoy publicando un escrito que habia dejado en el olvido. Como ya saben, pasaron cosas que cambiaron mi perspectiva acerca de ya saben quien; si no lo recuerdas vean http://elrincondealy.blogspot.com/2008/11/gracias-otra-vez.html, aunque esta abajo, pues les dejo el link para que no batallen jeje. La mitad la escribí antes de descubrir que no era la persona que imaginé... sin embargo, le sigo estando eternamente agradecida...
De ahora en adelante
Una vez más quise ver el mundo con otros ojos. Esta vez el amor de amigos logró sacarme del abismo. Una mirada tierna acompañada de un alma tranquila. Su voz grave me recordaba al hombre y su sonrisa plena inmortalizaba al niño. Sus ideas levantaron mi ánimo, devolvieron la esperanza y me sacaron de la depresión.
Hoy, todo se divide a partir de él. Creo que no sabe la magnitud que su presencia impactó en mi vida. No fue amor ni precisamente gusto. Fue el rayo de luz que iluminó mi camino. Un relámpago que sacudió mi cabeza, me hizo recapacitar y valorar mi vida. No había aceptado que la rutina me estaba gobernando y el conformismo envenenando.
Un día esa luz se apagó. Los compromisos reclamaron su lugar y se perdió aquella amistad que apenas nacía. Sin embargo, a pesar de que me dolió perder a mi amigo, me dejó cimentado el timón que se dirige a una vida plena. Esta vez me siento distinta, me siento mejor persona de la que fui hace tiempo, quiero alcanzar mis metas y logar mis sueños. Siento que ya nada puede detenerme. De ahora en adelante seré más feliz.
De ahora en adelante
Una vez más quise ver el mundo con otros ojos. Esta vez el amor de amigos logró sacarme del abismo. Una mirada tierna acompañada de un alma tranquila. Su voz grave me recordaba al hombre y su sonrisa plena inmortalizaba al niño. Sus ideas levantaron mi ánimo, devolvieron la esperanza y me sacaron de la depresión.
Hoy, todo se divide a partir de él. Creo que no sabe la magnitud que su presencia impactó en mi vida. No fue amor ni precisamente gusto. Fue el rayo de luz que iluminó mi camino. Un relámpago que sacudió mi cabeza, me hizo recapacitar y valorar mi vida. No había aceptado que la rutina me estaba gobernando y el conformismo envenenando.
Un día esa luz se apagó. Los compromisos reclamaron su lugar y se perdió aquella amistad que apenas nacía. Sin embargo, a pesar de que me dolió perder a mi amigo, me dejó cimentado el timón que se dirige a una vida plena. Esta vez me siento distinta, me siento mejor persona de la que fui hace tiempo, quiero alcanzar mis metas y logar mis sueños. Siento que ya nada puede detenerme. De ahora en adelante seré más feliz.
Sunday, January 11, 2009
De nuevo
Hola aqui estoy después de mil peripecias. Escribo esto como una especie de disculpa indirecta para algunas personas que en un tiempo los consideré enemigos. También es una especie de protesta para los que alguna vez consideré amigos. Y una promesa para las personas que sigo considerando importantes en mi vida... Chamacas, chamacos, vamos pa´delante... Los quiero mucho y espero que no nos vuelva a pasar.
Veneno
La traición, es el pan nuestro de cada día. Nuestra época está plagada de gente que no le importa pasar por encima de otros para sobresalir, o que vive de hablar de otros solo por diversión.
Como es sabido, en mi vida ha pasado esta situación una y otra vez. Gente que me ha inventado chismes y otras cosas solo por el simple hecho de pasar un rato agradable en un café, hablando de mi vida y de la de otros, lo sé porque muchas veces participé en ello, envuelta en una ola de veneno y negatividad que terminó por hundirme con esa gente.
Un día desperté, y me di cuenta que el hablar de otros no me hacía más feliz, y, aunque yo no participaba activamente en esas pláticas, mi culpa caía en no frenarlas, en reírme también de la desgracia del infortunado protagonista de aquel chisme tan atractivo que nos hacía tan amena la plática. Ese mismo día, un gusanito de culpabilidad inundó mi mañana, y me quedé con la sensación de que así como participé de la desgracia de otros, mi propia infortuna era el tema cuando yo no estaba… y no me equivoqué.
Ahora, después de recapacitar acerca de cosas que dije en un momento de enojo y rabia, mismas que ahora son usadas para perjudicarme, me di cuenta de lo fácil que es caer en el círculo vicioso del chisme, y con mi inexperiencia en el área, terminé siendo la mala, ya que lo que dije, lo dije abiertamente sin esconderme, cosa contraria a los chismosos, que solo tiran la piedra y disfrutan de ver el caos que ocasionan en un lago apacible.
Lo que llegué a decir no es de gran importancia, estaba molesta y lastimada, pero no me dí cuenta que por querer sanar mis heridas lastimaba a otros, aunque fuera mi derecho reclamar y sacar la tristeza. Aún así, no soy la única persona en el mundo que a veces dice cosas que lastiman, lo que me molesta en estos momentos es que ciertas personas sigan instaladas en el hecho de que cometí un error… como humana puedo cometer errores, no soy una máquina.
Nunca he dicho que soy perfecta, nunca he dicho que no me equivoco, que no diga mentiras ni malas palabras. Nunca he dicho que nadie es mejor que yo, y traté de mantenerme al margen de las vidas ajenas, aunque admito que en un tiempo no lo logré. Pero por lo mismo, hoy me arrepiento sinceramente de haberme dejado llevar por la ira, que solo me trajo más “problemas”, si siempre me consideré una persona tranquila… ¿Cómo fue que caí derepente en las garras del enojo y la impotencia?
Últimamente he estado tratando de dejar todo esto atrás, comencé alejándome de ese grupo nefasto, ahora, mi propósito es mantenerme lejos y no dejarlos entrar en mi vida, ni en la de mis verdaderas amigas, que por cierto una de ellas parecía que era lo contrario y me ha demostrado que no es así. Pero todo por que en ocasiones encontramos a una persona que nos envuelve en esa ola venenosa y nos es tan fácil entrar, tan divertido y liberador, que no te das cuenta que estas creando tu propia cárcel, y de esa condena no te vas a librar, hasta que aceptes que cometiste el error de caer en el juego.
Escribí esto porque como es obvio estoy molesta, molesta conmigo y con ese grupo envenenador. Ya me perdoné a mi misma aceptando mi parte de culpa. Espero que esto les sirva a los demás para detectar a tiempo a esas personas que nos invitan a participar de esta actividad tan divertida que es el chisme, que si bien es cierto que nos causa risa, también nos causa pena cuando nos toca estar del otro lado del café.
Con cariño: Adriana, Norma, Flor, Cristina, Anabel, Montze, Jesús Joel. Dicen que los amigos se cuentan con los dedos de una mano... jejeje a mi me falto un dedito, y puse la otra! los quiero Gracias
Veneno
La traición, es el pan nuestro de cada día. Nuestra época está plagada de gente que no le importa pasar por encima de otros para sobresalir, o que vive de hablar de otros solo por diversión.
Como es sabido, en mi vida ha pasado esta situación una y otra vez. Gente que me ha inventado chismes y otras cosas solo por el simple hecho de pasar un rato agradable en un café, hablando de mi vida y de la de otros, lo sé porque muchas veces participé en ello, envuelta en una ola de veneno y negatividad que terminó por hundirme con esa gente.
Un día desperté, y me di cuenta que el hablar de otros no me hacía más feliz, y, aunque yo no participaba activamente en esas pláticas, mi culpa caía en no frenarlas, en reírme también de la desgracia del infortunado protagonista de aquel chisme tan atractivo que nos hacía tan amena la plática. Ese mismo día, un gusanito de culpabilidad inundó mi mañana, y me quedé con la sensación de que así como participé de la desgracia de otros, mi propia infortuna era el tema cuando yo no estaba… y no me equivoqué.
Ahora, después de recapacitar acerca de cosas que dije en un momento de enojo y rabia, mismas que ahora son usadas para perjudicarme, me di cuenta de lo fácil que es caer en el círculo vicioso del chisme, y con mi inexperiencia en el área, terminé siendo la mala, ya que lo que dije, lo dije abiertamente sin esconderme, cosa contraria a los chismosos, que solo tiran la piedra y disfrutan de ver el caos que ocasionan en un lago apacible.
Lo que llegué a decir no es de gran importancia, estaba molesta y lastimada, pero no me dí cuenta que por querer sanar mis heridas lastimaba a otros, aunque fuera mi derecho reclamar y sacar la tristeza. Aún así, no soy la única persona en el mundo que a veces dice cosas que lastiman, lo que me molesta en estos momentos es que ciertas personas sigan instaladas en el hecho de que cometí un error… como humana puedo cometer errores, no soy una máquina.
Nunca he dicho que soy perfecta, nunca he dicho que no me equivoco, que no diga mentiras ni malas palabras. Nunca he dicho que nadie es mejor que yo, y traté de mantenerme al margen de las vidas ajenas, aunque admito que en un tiempo no lo logré. Pero por lo mismo, hoy me arrepiento sinceramente de haberme dejado llevar por la ira, que solo me trajo más “problemas”, si siempre me consideré una persona tranquila… ¿Cómo fue que caí derepente en las garras del enojo y la impotencia?
Últimamente he estado tratando de dejar todo esto atrás, comencé alejándome de ese grupo nefasto, ahora, mi propósito es mantenerme lejos y no dejarlos entrar en mi vida, ni en la de mis verdaderas amigas, que por cierto una de ellas parecía que era lo contrario y me ha demostrado que no es así. Pero todo por que en ocasiones encontramos a una persona que nos envuelve en esa ola venenosa y nos es tan fácil entrar, tan divertido y liberador, que no te das cuenta que estas creando tu propia cárcel, y de esa condena no te vas a librar, hasta que aceptes que cometiste el error de caer en el juego.
Escribí esto porque como es obvio estoy molesta, molesta conmigo y con ese grupo envenenador. Ya me perdoné a mi misma aceptando mi parte de culpa. Espero que esto les sirva a los demás para detectar a tiempo a esas personas que nos invitan a participar de esta actividad tan divertida que es el chisme, que si bien es cierto que nos causa risa, también nos causa pena cuando nos toca estar del otro lado del café.
Con cariño: Adriana, Norma, Flor, Cristina, Anabel, Montze, Jesús Joel. Dicen que los amigos se cuentan con los dedos de una mano... jejeje a mi me falto un dedito, y puse la otra! los quiero Gracias
Monday, November 03, 2008
Gracias otra vez
Como siempre, aqui estoy molestándolas, esta vez como lo prometí hace poco (y gracias a Dios fue poco), escribiendo algo diferente. No tengo más palabras para decirles lo mucho que las quiero... espero les guste:
Una nueva sonrisa
Después de la tormenta siempre llega la calma. Mi tormenta parecía llegar en oleadas imperiosas, mientras intentaba llegar a la orilla, arrastrándome de nuevo, deseando que no alcanzara a salir.
Después de encontrarme sumida en una absoluta tristeza, un día desperté y dije que era suficiente. Comencé a tomar las riendas de mi vida, lejos de todo lo que me hacía daño. Una que otra vez tropezaba con los restos que dejó la borrasca, me tambaleaba buscando refugio y lo encontré en el cariño de mis amigas.
Después de aliviar las visibles heridas, comencé a advertir un horizonte nuevo, limpio y tranquilo, donde me esperaba gente distinta, ajena a todo el vicio de entrometerse en otras vidas. Poco a poco sentí como se iba la tristeza. Poco a poco sentí, como de repente, me dejó de importar lo que sucedió en otros días. Una sensación extraña invadió mi cuerpo… era alegría y era paz.
Después de conocer a quien me regalo una nueva sonrisa, agradezco a todas las personas que me apoyaron en mi desesperación, gente que fue la balsa que me mantuvo a flote: Cristina, por tu sarcasmo oportuno; Flor, por la fortaleza de tu carácter; Adriana, por tu manera tan especial de afrontar las dificultades; Norma, por que siempre me recuerdas que lo que soy no es precisamente lo que los demás ven; Joel, porque siempre has estado conmigo; Anna, por que siempre defiendes lo que piensas, Karla y Edith, por ser tan solidarias; Anabel y su mamá, porque me acogen como hermana y como hija; Caro y Abril, por que su alegría me contagia, y a esa persona especial, que llegó a mi vida en un momento adecuado, de una forma original y formando una estupenda amistad.
Después de escribir estas palabras, siento que algo me falta, y es el decirles que me siento diferente, que soy completamente feliz por tenerlos a mi lado y que gracias a ustedes, descubrí que el sol es más brillante si se tienen personas como ustedes para admirarlo.
Una nueva sonrisa
Después de la tormenta siempre llega la calma. Mi tormenta parecía llegar en oleadas imperiosas, mientras intentaba llegar a la orilla, arrastrándome de nuevo, deseando que no alcanzara a salir.
Después de encontrarme sumida en una absoluta tristeza, un día desperté y dije que era suficiente. Comencé a tomar las riendas de mi vida, lejos de todo lo que me hacía daño. Una que otra vez tropezaba con los restos que dejó la borrasca, me tambaleaba buscando refugio y lo encontré en el cariño de mis amigas.
Después de aliviar las visibles heridas, comencé a advertir un horizonte nuevo, limpio y tranquilo, donde me esperaba gente distinta, ajena a todo el vicio de entrometerse en otras vidas. Poco a poco sentí como se iba la tristeza. Poco a poco sentí, como de repente, me dejó de importar lo que sucedió en otros días. Una sensación extraña invadió mi cuerpo… era alegría y era paz.
Después de conocer a quien me regalo una nueva sonrisa, agradezco a todas las personas que me apoyaron en mi desesperación, gente que fue la balsa que me mantuvo a flote: Cristina, por tu sarcasmo oportuno; Flor, por la fortaleza de tu carácter; Adriana, por tu manera tan especial de afrontar las dificultades; Norma, por que siempre me recuerdas que lo que soy no es precisamente lo que los demás ven; Joel, porque siempre has estado conmigo; Anna, por que siempre defiendes lo que piensas, Karla y Edith, por ser tan solidarias; Anabel y su mamá, porque me acogen como hermana y como hija; Caro y Abril, por que su alegría me contagia, y a esa persona especial, que llegó a mi vida en un momento adecuado, de una forma original y formando una estupenda amistad.
Después de escribir estas palabras, siento que algo me falta, y es el decirles que me siento diferente, que soy completamente feliz por tenerlos a mi lado y que gracias a ustedes, descubrí que el sol es más brillante si se tienen personas como ustedes para admirarlo.
Tuesday, October 07, 2008
Gracias a mis amigas
Con todo cariño, les agradezco el estar conmigo en estos días tan difíciles. No pude evitar vertir lo que siento en palabras, como saben son mi mejor medicina. Espero en unos días poder escribir de otra manera, y ahora si agradecerles su compañía y su comprensión. No puedo sentirme más afortunada por tenerlas. En esta ocasión, sólo hablaré de lo que me aflije... después podré hacer algo mejor.
Señales
Siempre creí que sería duradero. Tantos años de sufrimiento, malos entendidos y desprecios, habían culminado en algo más que amistad. Por fin era mío, lo sentía en su abrazo, en su beso y en su mirada. Vivir para él constituía mi prioridad, hacerlo sentir bien era mi consigna, el motor que me guiaba en mis noches de insomnio y soledad. Quererlo tanto me hacía sentir completa. Pero todo era una ilusión.
Esa necesidad de protegerlo, escondía mi propia soledad. El cargar sola con el peso de una relación que solo existía en mi mente, y que anhelaba con todo mi corazón. Toda mi vida he estado sola. Y fue en ese afán de llenar un vacío de años, que me conformé con los restos que dejaba a su paso. Lo quería tanto que llegué a quererlo por los dos. Lo que me importaba era tenerlo, aunque fuera a medias.
Después de mil señales que preferí ignorar, me encontré de repente afrontando la realidad. Esa desagradable verdad que había estado evitando por conveniencia y por temor. Sí… lo amo con todo mi corazón, y es con ese amor sincero y limpio, que pocas veces en la vida encuentras. Mi consuelo es que sé que puedo querer a alguien de esa manera. Mi condena es que no le entregué mi amor a la persona correcta.
Mis ojos están cansados de llorar. Mi mente esta cansada de pensar. Mi corazón esta cansado de sentir… y de no recibir. Mi memoria esta fallando, y todo se resume a recontar todos los errores que cometí. Pero en realidad solo cometí uno: Quererlo más que a nada en este mundo. Y al final del camino, me encuentro varada en medio de la nada, sola como desde el principio y más asustada que nunca.
Hay personas que dicen que el mal se revierte en algún momento de la vida… pues no se que maldad he cometido en esta vida que sigo pagando con mi soledad. Otras me dicen que no se ocupa un hombre para sentirse plena… no se trata de plenitud sino de amor, compañía, comunicación, cariño, todas esas cosas de las que me he privado en todo este tiempo. La vida no esta hecha de sueños, y yo vivía en uno.
No es solo el darme cuenta que no soy correspondida, es el aceptar que ya lo sabía.
Señales
Siempre creí que sería duradero. Tantos años de sufrimiento, malos entendidos y desprecios, habían culminado en algo más que amistad. Por fin era mío, lo sentía en su abrazo, en su beso y en su mirada. Vivir para él constituía mi prioridad, hacerlo sentir bien era mi consigna, el motor que me guiaba en mis noches de insomnio y soledad. Quererlo tanto me hacía sentir completa. Pero todo era una ilusión.
Esa necesidad de protegerlo, escondía mi propia soledad. El cargar sola con el peso de una relación que solo existía en mi mente, y que anhelaba con todo mi corazón. Toda mi vida he estado sola. Y fue en ese afán de llenar un vacío de años, que me conformé con los restos que dejaba a su paso. Lo quería tanto que llegué a quererlo por los dos. Lo que me importaba era tenerlo, aunque fuera a medias.
Después de mil señales que preferí ignorar, me encontré de repente afrontando la realidad. Esa desagradable verdad que había estado evitando por conveniencia y por temor. Sí… lo amo con todo mi corazón, y es con ese amor sincero y limpio, que pocas veces en la vida encuentras. Mi consuelo es que sé que puedo querer a alguien de esa manera. Mi condena es que no le entregué mi amor a la persona correcta.
Mis ojos están cansados de llorar. Mi mente esta cansada de pensar. Mi corazón esta cansado de sentir… y de no recibir. Mi memoria esta fallando, y todo se resume a recontar todos los errores que cometí. Pero en realidad solo cometí uno: Quererlo más que a nada en este mundo. Y al final del camino, me encuentro varada en medio de la nada, sola como desde el principio y más asustada que nunca.
Hay personas que dicen que el mal se revierte en algún momento de la vida… pues no se que maldad he cometido en esta vida que sigo pagando con mi soledad. Otras me dicen que no se ocupa un hombre para sentirse plena… no se trata de plenitud sino de amor, compañía, comunicación, cariño, todas esas cosas de las que me he privado en todo este tiempo. La vida no esta hecha de sueños, y yo vivía en uno.
No es solo el darme cuenta que no soy correspondida, es el aceptar que ya lo sabía.
Tuesday, July 29, 2008
Ya llovió
Esto sucedió entre el 14 y 17 de marzo de 1990… ya llovió, si algún nombre está mal o se me pasó algún detalle, agradezco que me notifiquen, MIL SALUDOS
“El Riíto”
Desde que estaba cursando la secundaria, mi gusto por la danza se convirtió en el motor que guió mi vida a partir de ese momento. Los momentos anteriores en los que me subí a un escenario, pasaron a segundo plano. Fue en esta etapa cuando descubrí que el bailar me liberaba de los problemas y demonios que nos aquejan en la adolescencia.
La profa. Cecilia Espinoza, era una joven de 18 años que ingresó a trabajar en la Secundaria “18 de Marzo de 1938”, era solo unos cuantos años mayor que nosotros, por lo que mis compañeros se sintieron extrañamente motivados en su clase. En mi persona, la maestra causó un efecto distinto, había encontrado por fin algo en lo que sentía que encajaba. Cuando cursábamos el segundo año, se presentó la necesidad de armar un baile para el aniversario de la escuela, y la maestra escogió trabajar con nosotros.
Era un baile del estado de Chiapas, “El riíto”, la historia que debíamos representar, era acerca de unas mujeres que se acercaban al río a recoger agua en sus cántaros, después entraban los hombres y les pedían un poco de esta agua y ellas se negaban. Una de ellas, se anima a coquetear con los muchachos y el más valiente se atreve a cortejarla. Entre las evoluciones de la coreografía, el hombre rompe el cántaro de la chica mientras ella cae al suelo durante en forcejeo. Él apenado intenta ayudarla, pero al mismo tiempo se toma la libertad de acariciarle las piernas… lo que ocasiona que la chica le propine una fuerte bofetada por su atrevimiento. Después, entre el apoyo de los hombres al incauto joven, y la maravillosa ayuda de las chicas a la ofendida, el joven le ofrece un trozo de aquel cántaro, en promesa de reponerlo y reparar el daño ocasionado. Todos salen del escenario, mientras el joven lleva en sus brazos a la chica, ya que ésta se lastimó el tobillo por la caída.
Comenzaron los ensayos, y la maestra me eligió como la chica coqueta, y por la fuerza física o desempeño (en realidad no recuerdo), como el valiente caballero eligió a mi compañero Alfredo Madrazo Márquez (si, hacían chistes por el apellido). Recuerdo a algunos de los muchachos que integraban el cuadro, mi pareja era Francisco Neblina (q.e.p.d.), también salía mi hermano Ulises, Carlos Felipe Rosales Maldonado, Alberto Valdez Díaz, y el ahora cirujano plástico Dr. Jorge Maytorena Soto Gil, entre otros; de las chicas recuerdo a Luisa Fernanda Hurtado Navarro, Martha… y no se quien más.
En fin, después de varios contratiempos, por fin el baile quedó terminado, lo que restaba era ensayar para que estuviera lo mas coordinado posible. Durante esos ensayos, mi compañero Alfredo siempre evitaba el golpe que debía darle, a lo que me acostumbré rápidamente. Por fin, después de algunas semanas, llego el momento de presentarnos.
La música comenzó, y las mujeres entramos a la cancha faldeando, entran los hombres y se colocan en la coreografía… Llegó le momento de la actuación y todo parecía ir bien, el me perseguía por la explanada, mientras yo “me daba a desear”, comenzó el forcejeo y el jarro cayó al suelo seguido de mi fingido accidente. Recuerdo que los muchachos que nos observaban se asombraron al verme caer al suelo (cabe señalar que yo gozaba de cierta fama en la escuela en el atletismo, y se acercaba la tradicional carrera de aniversario), un sonoro grito unánime invadió el ambiente mientras el baile seguía su curso.
Alfredo se me acercó, todo perfectamente planeado, comenzó a buscar mi tobillo entre la tela de la falda y subió su mano… seguía el momento de la cachetada. (Yo no estaba enterada que, momentos antes de entrar a bailar, mi hermano Ulises, Pancho (q.e.p.d.), Carlos Felipe y Betho, habían convencido a Alfredo de que no se moviera en el momento del golpe, que ellos iban a avisarme para no lo hiciera muy fuerte. Creo que ya imaginan que no me avisaron ¿verdad?)
Recuerdo que mi mano formó un ángulo de 180° con relación al punto de impacto, acostumbrada a no atinar, le imprimí tanta fuerza como dio mi brazo; mi mano se aproximó rápidamente a su destino y… ¡SAS! (aquí cabe un silencio dramático) ésta se impactó estrepitosamente con el redondo y suave cachete de mi pobre compañero… la escuela entera lanzó un tremendo ¡UUUHHH!, seguido de murmullos y risas nerviosas.
Dolorida y asombrada, seguí con la coreografía mientras mis compañeras trataban de ocultar las carcajadas que se contagiaron con rapidez. Mientras, en la coreografía de los hombres, me contó mi hermano; Alfredo no se mostró enojado, simplemente les decía “se pasaron, se pasaron”, a lo que los chicos solo respondieron con carcajadas. El baile siguió, y el me sacó del escenario en sus brazos, entre gritos y chiflidos de aprobación por parte del público.
Ya en el salón, después de 20 o 30 minutos que tardamos en quitarnos los trajes, fui a ver a Alfredo para disculparme, o saber que pasó, yo que se, pero recuerdo que todavía llevaba la marca de mi golpe… 3 dedos perfectamente marcados en el lado derecho de su rostro. Después de algunos años, me encontré con una persona que estuvo en la secundaria en esas fechas, y sin saberlo, contó de cómo se divirtió con ese baile, pero más disfrutó el saber que estaba platicando con la responsable de aquella sonora cachetada.
Esta anécdota la recuerdo siempre con mi hermano, la risa nos invade, y me asegura que no fue con mala intención. No he visto a los compañeros que nombré en algunos años, supe que Betho y Luisa Fernanda se casaron (cada quien por separado), a Francisco lo miré unos meses antes de su muerte pero no lo reconocí. Estaba muy cambiado, la que era su novia, y madre de su hija que no alcanzó a conocer, me comentó que él me reconoció inmediatamente, pero que no quiso acercarse. Me dijo que tenía gratos recuerdo de mi casa, de mi hermano y de mi familia.
Este baile, fue el comienzo de mi carrera como bailarina de folclore, fue lo que inició todo. No he dejado de bailar desde entonces, y se suman ya 20 años dentro de la danza, 10 de ellos como integrante del Ballet Folclórico “Ehecatl”. He tenido otros solistas en los grupos donde he estado, pero ninguno ha sido tan divertido y accidentado como “El Riíto”, y de eso… ya llovió.
“El Riíto”
Desde que estaba cursando la secundaria, mi gusto por la danza se convirtió en el motor que guió mi vida a partir de ese momento. Los momentos anteriores en los que me subí a un escenario, pasaron a segundo plano. Fue en esta etapa cuando descubrí que el bailar me liberaba de los problemas y demonios que nos aquejan en la adolescencia.
La profa. Cecilia Espinoza, era una joven de 18 años que ingresó a trabajar en la Secundaria “18 de Marzo de 1938”, era solo unos cuantos años mayor que nosotros, por lo que mis compañeros se sintieron extrañamente motivados en su clase. En mi persona, la maestra causó un efecto distinto, había encontrado por fin algo en lo que sentía que encajaba. Cuando cursábamos el segundo año, se presentó la necesidad de armar un baile para el aniversario de la escuela, y la maestra escogió trabajar con nosotros.
Era un baile del estado de Chiapas, “El riíto”, la historia que debíamos representar, era acerca de unas mujeres que se acercaban al río a recoger agua en sus cántaros, después entraban los hombres y les pedían un poco de esta agua y ellas se negaban. Una de ellas, se anima a coquetear con los muchachos y el más valiente se atreve a cortejarla. Entre las evoluciones de la coreografía, el hombre rompe el cántaro de la chica mientras ella cae al suelo durante en forcejeo. Él apenado intenta ayudarla, pero al mismo tiempo se toma la libertad de acariciarle las piernas… lo que ocasiona que la chica le propine una fuerte bofetada por su atrevimiento. Después, entre el apoyo de los hombres al incauto joven, y la maravillosa ayuda de las chicas a la ofendida, el joven le ofrece un trozo de aquel cántaro, en promesa de reponerlo y reparar el daño ocasionado. Todos salen del escenario, mientras el joven lleva en sus brazos a la chica, ya que ésta se lastimó el tobillo por la caída.
Comenzaron los ensayos, y la maestra me eligió como la chica coqueta, y por la fuerza física o desempeño (en realidad no recuerdo), como el valiente caballero eligió a mi compañero Alfredo Madrazo Márquez (si, hacían chistes por el apellido). Recuerdo a algunos de los muchachos que integraban el cuadro, mi pareja era Francisco Neblina (q.e.p.d.), también salía mi hermano Ulises, Carlos Felipe Rosales Maldonado, Alberto Valdez Díaz, y el ahora cirujano plástico Dr. Jorge Maytorena Soto Gil, entre otros; de las chicas recuerdo a Luisa Fernanda Hurtado Navarro, Martha… y no se quien más.
En fin, después de varios contratiempos, por fin el baile quedó terminado, lo que restaba era ensayar para que estuviera lo mas coordinado posible. Durante esos ensayos, mi compañero Alfredo siempre evitaba el golpe que debía darle, a lo que me acostumbré rápidamente. Por fin, después de algunas semanas, llego el momento de presentarnos.
La música comenzó, y las mujeres entramos a la cancha faldeando, entran los hombres y se colocan en la coreografía… Llegó le momento de la actuación y todo parecía ir bien, el me perseguía por la explanada, mientras yo “me daba a desear”, comenzó el forcejeo y el jarro cayó al suelo seguido de mi fingido accidente. Recuerdo que los muchachos que nos observaban se asombraron al verme caer al suelo (cabe señalar que yo gozaba de cierta fama en la escuela en el atletismo, y se acercaba la tradicional carrera de aniversario), un sonoro grito unánime invadió el ambiente mientras el baile seguía su curso.
Alfredo se me acercó, todo perfectamente planeado, comenzó a buscar mi tobillo entre la tela de la falda y subió su mano… seguía el momento de la cachetada. (Yo no estaba enterada que, momentos antes de entrar a bailar, mi hermano Ulises, Pancho (q.e.p.d.), Carlos Felipe y Betho, habían convencido a Alfredo de que no se moviera en el momento del golpe, que ellos iban a avisarme para no lo hiciera muy fuerte. Creo que ya imaginan que no me avisaron ¿verdad?)
Recuerdo que mi mano formó un ángulo de 180° con relación al punto de impacto, acostumbrada a no atinar, le imprimí tanta fuerza como dio mi brazo; mi mano se aproximó rápidamente a su destino y… ¡SAS! (aquí cabe un silencio dramático) ésta se impactó estrepitosamente con el redondo y suave cachete de mi pobre compañero… la escuela entera lanzó un tremendo ¡UUUHHH!, seguido de murmullos y risas nerviosas.
Dolorida y asombrada, seguí con la coreografía mientras mis compañeras trataban de ocultar las carcajadas que se contagiaron con rapidez. Mientras, en la coreografía de los hombres, me contó mi hermano; Alfredo no se mostró enojado, simplemente les decía “se pasaron, se pasaron”, a lo que los chicos solo respondieron con carcajadas. El baile siguió, y el me sacó del escenario en sus brazos, entre gritos y chiflidos de aprobación por parte del público.
Ya en el salón, después de 20 o 30 minutos que tardamos en quitarnos los trajes, fui a ver a Alfredo para disculparme, o saber que pasó, yo que se, pero recuerdo que todavía llevaba la marca de mi golpe… 3 dedos perfectamente marcados en el lado derecho de su rostro. Después de algunos años, me encontré con una persona que estuvo en la secundaria en esas fechas, y sin saberlo, contó de cómo se divirtió con ese baile, pero más disfrutó el saber que estaba platicando con la responsable de aquella sonora cachetada.
Esta anécdota la recuerdo siempre con mi hermano, la risa nos invade, y me asegura que no fue con mala intención. No he visto a los compañeros que nombré en algunos años, supe que Betho y Luisa Fernanda se casaron (cada quien por separado), a Francisco lo miré unos meses antes de su muerte pero no lo reconocí. Estaba muy cambiado, la que era su novia, y madre de su hija que no alcanzó a conocer, me comentó que él me reconoció inmediatamente, pero que no quiso acercarse. Me dijo que tenía gratos recuerdo de mi casa, de mi hermano y de mi familia.
Este baile, fue el comienzo de mi carrera como bailarina de folclore, fue lo que inició todo. No he dejado de bailar desde entonces, y se suman ya 20 años dentro de la danza, 10 de ellos como integrante del Ballet Folclórico “Ehecatl”. He tenido otros solistas en los grupos donde he estado, pero ninguno ha sido tan divertido y accidentado como “El Riíto”, y de eso… ya llovió.
Friday, July 18, 2008
Tltlc 08
Hola de nuevo. Después de muchas aly-aventuras me encuentro aquí, por primera vez contando una historia, de la que no soy protagonista; como narrador omniscente me permito entregarles esta historia, que nació en mi imaginación transitando en uno de los lugares más históricos de nuestro país. Cualquier similitud con un personaje de la vida real... es una simple coincidencia.
- La Rosa y El Mago
Sucedió una noche, en un jardín extraño. La rosa y la margarita se encontraron repentinamente abandonadas en una selva de asfalto. La margarita, en su papel de flor sencilla, fue desdeñada por las otras flores, por carecer de la belleza y elegancia que éstas poseían. La rosa, por su parte, se encontraba aislada del resto, por habladurías de las otras flores que envidiaban su belleza y energía natural, que la distingue de las otras por el simple hecho de existir.
Sin embargo, la rosa no despreció a la margarita, y se encontraron juntas en una aventura, de esas que no se pueden olvidar. La rosa tenía varios amigos, que las rescataron en aquella selva; pero esos amigos no querían simplemente admirar a la rosa. Comenzaron a salir de sus disfraces de oveja para convertirse en un lobo exigiendo la recompensa por sus favores. La margarita no sabía como ayudar a su amiga, y se limitó a escuchar los lamentos de la rosa, que sólo quería conocer el lugar en donde se encontraban.
Y ambas comenzaron a vagar sin rumbo entre edificios con siglos de historia, mientras la rosa se perdía en los aparadores y la margarita consumía cada librería que se encontraba a su paso. Dos flores completamente opuestas que terminaron por encajar. Gracias a las otras flores por despreciar lo que no conocen, o que piensan conocer ya.
Una tarde, después de librarse de otro lobo, la rosa se encontraba triste, mientras la margarita observaba unas ruinas de aquella ciudad. Comenzaron a caminar lentamente, pensando en lo perdidas y solas que se sentían. Sin querer, se toparon con un grupo de personajes interesantes, que se adelantaban a su paso. La margarita le sonrió a un sapito simpático que estaba en compañía de un mago, que quedó impresionado con la belleza de la rosa.
Después de tomar unas fotografías, las flores se unieron a ese grupo, que las invitó a pasar un rato en su hogar. La margarita observaba en silencio a sus nuevos amigos, actores extranjeros que buscaban la suerte en este lugar, cada uno con su propia personalidad y encanto; mismos que le recordaban al sol que le esperaba en su tierra.
Sin embargo, la rosa no despreció a la margarita, y se encontraron juntas en una aventura, de esas que no se pueden olvidar. La rosa tenía varios amigos, que las rescataron en aquella selva; pero esos amigos no querían simplemente admirar a la rosa. Comenzaron a salir de sus disfraces de oveja para convertirse en un lobo exigiendo la recompensa por sus favores. La margarita no sabía como ayudar a su amiga, y se limitó a escuchar los lamentos de la rosa, que sólo quería conocer el lugar en donde se encontraban.
Y ambas comenzaron a vagar sin rumbo entre edificios con siglos de historia, mientras la rosa se perdía en los aparadores y la margarita consumía cada librería que se encontraba a su paso. Dos flores completamente opuestas que terminaron por encajar. Gracias a las otras flores por despreciar lo que no conocen, o que piensan conocer ya.
Una tarde, después de librarse de otro lobo, la rosa se encontraba triste, mientras la margarita observaba unas ruinas de aquella ciudad. Comenzaron a caminar lentamente, pensando en lo perdidas y solas que se sentían. Sin querer, se toparon con un grupo de personajes interesantes, que se adelantaban a su paso. La margarita le sonrió a un sapito simpático que estaba en compañía de un mago, que quedó impresionado con la belleza de la rosa.
Después de tomar unas fotografías, las flores se unieron a ese grupo, que las invitó a pasar un rato en su hogar. La margarita observaba en silencio a sus nuevos amigos, actores extranjeros que buscaban la suerte en este lugar, cada uno con su propia personalidad y encanto; mismos que le recordaban al sol que le esperaba en su tierra.
La rosa, observaba tímidamente al mago, mientras este, se envolvía en bromas y trucos para llamar la atención. Poco a poco la margarita notó como crecía algo entre ellos, ese sentimiento que se siente en el aire, y es notorio para los demás. La rosa y el mago habían sucumbido ante la magia del amor a primera vista.
Las flores tuvieron que dejar al grupo por unas horas, mientras el sapito y el mago las acompañaban a su destino, la margarita notaba como ellos no querían separarse, y le prometió a la rosa que regresarían. En un momento inesperado, el mago selló la promesa con un tierno beso robado, que dejó a la rosa flotando entre nubes, insistiendo aún más en el regreso a la mañana siguiente.
El castillo donde vivían, quedó en el recuerdo, al llegar al hogar del mago. Las paredes antiguas y un poco descuidadas, contrastaban con la elegancia y lujos de su castillo improvisado, sin embargo, con tal de ver a la rosa feliz, la margarita accedió a quedarse en ese lugar. Mientras, la margarita se hizo amiga del sapito, quien la llevó a conocer lugares distantes, los dos se parecían mucho, por eso pudieron consolidar su amistad, entre bromas y juegos que solo ellos podían entender, caminaron por la ciudad; mientras la rosa convivía con el mago.
Fueron solo dos días. Dos días en los que el mago y la rosa vivieron felices, compartiendo pensamientos, tristezas y trucos de magia. Dos días que a ellos les parecieron siglos, horas que se convirtieron en días por el simple hecho de que no querían que se terminaran. La rosa debía regresar con sus espinas. Su rosal demandaba su presencia, en virtud de sus retoños, las espinas lastiman aun en la distancia.
La mañana del regreso, la margarita se sentía realmente extraña, una sensación de vacío inundó su cuerpo, y todo su ser reclamaba al sol que dejó en su tierra, mismo sol que a veces se niega a darle calor, pero que aún así extrañaba tanto. La rosa llegó a su encuentro con la tristeza marcada en el rostro por el adiós inevitable. El llanto que contenía se transformó en palabras dulces que recordaban cada instante vivido en los brazos del mago, quien le enseñó la libertad de vivir en unos cuantos días. La margarita y la rosa debían dejar la selva en cuestión de minutos. No había marcha atrás.
De camino a su jardín, la rosa lloraba en silencio. Mientras la ciudad iba quedando cada vez más lejana, la esperanza de quedarse se fue disolviendo entre las nubes. El rosal estaba cada vez más cerca y con él, las espinas.
Los retoños mitigaron el dolor de la rosa, con un abrazo tierno y el amor que le profesaban con sus palabras; las espinas reclamaban situaciones absurdas aun en presencia de la margarita, la rosa fue perdiendo color entre más tiempo pasaba cerca de la espina. Triste final para una historia fantástica.
El mago se quedó en su hogar, improvisando trucos con unas cartas nuevas, mismas que le regaló su rosa. En ellas se quedaba el corazón y el amor que se vive pocas veces en la vida. Y que por el destino, les tocó vivir; que importa si fueron sólo unos días.
Por desgracia, las cosas debían terminar así… La margarita de vuelta con su sol, el mago con su magia y la rosa con su espina.
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